La ciudad de Maturín, capital de Monagas en Venezuela, debe su nombre a un episodio ocurrido a principios del siglo XVIII. La versión más aceptada por la historiografía local, defendida con rigor por el gran sabio Don Dionisio Núñez Garantón, apunta a un cacique Chaima llamado Maturín, jefe de una tribu asentada cerca de las riberas del río Guarapiche.
Este líder indígena fue asesinado en 1718 durante un enfrentamiento con fuerzas españolas, y el lugar donde cayó empezó a conocerse como “Sitio de Maturín”. Con el tiempo, el nombre se consolidó cuando el fraile capuchino Lucas de Zaragoza fundó la misión el 7 de diciembre de 1760.
Sin embargo, el nombre “Maturín” ha generado varias hipótesis etimológicas fascinantes:
La teoría del cacique indígena y las palmas llaneras
Algunos autores relacionan el nombre con raíces indígenas de la región llanera y orinoquense.
Podría derivar de una planta característica de las zonas húmedas y palmares típicas del Monagas (posiblemente ligada a especies de palmas o vegetación ribereña).
En este sentido, Maturín evocaría el paisaje mismo: tierra fértil, morichales y la vegetación que rodeaba al cacique y su pueblo.
La teoría del santo o misionero francés: San Maturín
Otra corriente, muy extendida, sostiene que el nombre no es puramente indígena, sino que tiene origen francés. Según la leyenda, un misionero católico francés (posiblemente llamado Mathurin o con ese apellido) evangelizó la zona a finales del siglo XVII y bautizó a un joven indígena dándole el nombre de Mathurin, en honor a San Mathurin (o Maturino de Larchant), santo galorromano del siglo IV conocido como exorcista, curador de enfermedades mentales e infertilidad. Con el paso del tiempo y la pronunciación local, “Mathurin” se habría convertido en “Maturín”.
Esta hipótesis explica la “h” intercalada que aparece en algunas grafías antiguas (Mathurin → Maturín) y enlaza directamente con la influencia de misioneros franceses en la evangelización del oriente venezolano.
La hipótesis vasca: del apellido Maturana al Maturín venezolano
Una tercera posibilidad, sin pretender contravenir la autoridad de Don Dionisio Núñez Garantón, sino enriquecer el debate, apunta a una influencia europea a través de los colonos. El apellido Maturana es claramente de origen vasco, toponímico, procedente del lugar de Maturana en la provincia de Álava (País Vasco). Su etimología probable remite a “vega aguanosa” o “sitio de zarzal” (de padura/matura = terreno húmedo o atur/azur = zarza, más el sufijo locativo -ana).
En la variante vasco-francesa (zona de Lapurdi o Baja Navarra), la pronunciación podría evolucionar hacia algo cercano a “Maturan” con la nasalización francesa en “-an”, que al castellanizarse en Venezuela se habría adaptado fácilmente a Maturín (con la “i” final típica de la fonética local).
Muchos apellidos vascos llegaron a América con los colonos y misioneros, y no sería extraño que un linaje Maturana/Maturan se cruzara con las misiones capuchinas o con los primeros pobladores del oriente venezolano, dejando su huella en el nombre del cacique o del sitio.
Estas tres hipótesis no se excluyen necesariamente: un cacique indígena pudo recibir un nombre cristiano francés (Mathurin, se pronuncia Maturán...), pronunciado y adaptado localmente, mientras que apellidos vascos circulaban entre los europeos presentes en la zona.
La etimología, como siempre, es un palimpsesto donde se superponen capas indígenas, europeas y criollas.
De Maturín a Navarrería 21: un puente transatlántico
Todo este juego etimológico y esta diatriba amistosa no es más que una excusa hermosa para celebrar raíces lejanas y proyectar futuro. Porque detrás del nombre “Maturín” late un cruce de mundos: indígena, francés, y, por qué no, vasco.
Ese mismo espíritu de encuentro es el que mueve el nuevo proyecto conjunto con mi prima querida Natalia en el corazón de la Plaza Navarrería 21, en Iruña-Pamplona (Navarra). Un rinconcito cozy en la plaza más antigua de la hidalga villa, donde los romanos oyeron hace más de 2100 años la lingua navarrorum, y muy cerca está el hito antropológico de la Mano de Irulegi (Irulegi Eskua), testimonio vivo de la lengua vascónica más antigua conocida.
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Mi padre, es su tío, Luis Gonzalo Elguezabal Aristizábal, estudió feliz en la famosa escuela de Lekaroz (colegio de los Capuchinos).
Así, mi aite y su aite Dionisio, y nuestras madres aún y nosotros ahora, proyectamos futuro: hacer el bien, promover el comercio justo y llevar un pedacito de Baztán a la Plaza Navarrería.Baztan, Navarra
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Mikel de Elguezabal Méndez
Txoko Denda
Navarrería Plaza 21
Iruña – Nafarroa
Fite fite!
Etorri bizilagunak ta lagunak!
(Vivo Casi en Bozate, el barrio de los Agotes de Baztán… Gots, Godos, Góticos? Otra día otras hipótesis etimológicas… soy un nerd. Menos mal ya dejé descendientes!!
ibros y árboles. ¡Baietz!! OMG!
A orillas del Bidasoa, regando en mi regata, el arroyito Beltzerreka que pasa campo través de mi Arima Kafie… aquí seguimos tejiendo puentes entre Maturín y Nafarroa, entre pasado y futuro.
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Milesker Lehengusine Natalia!
Muxue ta besarkada handia beti betiko...
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